Muchas veces subestimamos las habilidades culinarias de nuestros hijos; pero déjenme decirles que no debe ser así. Dejarlos entrar en ella es una de las mejores formas de fomentarles creatividad, paciencia, disciplina, perseverancia y tolerancia a la frustración.

Ellos aprenden y desarrollan sus habilidades motoras y de investigación, y sobre todo potencian una sazón heredada de sus núcleos familiares que no sabíamos que estaban presentes.

Hace ya algunos años me preguntaron por qué me gustaba tanto dar clases en bachillerato. Algunos me decían: “si son muy desordenados”, “no saben cocinar”, “es un desastre controlarlos” y cosas por el estilo.

Yo sólo los escuchaba y les daba la razón. El bachillerato no es fácil, los chicos menos. Están en una edad donde no son niños, ni adultos; algunos nunca han pisado una cocina, no saben prender una estufa, no saben usar un cuchillo, otros se defienden y algunos más me sorprenden con sus destrezas.

Eso es lo que me gusta del bachillerato, me gusta ver sus miedos e inseguridades convertirse en fortalezas y en creaciones culinarias que no sólo los sorprenden a ellos, también a mí y a ustedes que son los que están detrás de ellos en casa comprando insumos, probando el resultado de las recetas y siendo sus mejores críticos.

 

 

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¿Por qué la cocina de ETAC sabe mejor en el Bachillerato?

Sabe mejor, porque está desarrollada con manos temblorosas que poco a poco se vuelven más seguras.

Sabe mejor porque está hecha con risas compartidas entre sus compañeros mientras cocinan.

Sabe mejor porque está creada con ilusión, con inocencia, una pizca de temor; pero con toneladas de satisfacción al ver un trabajo bien hecho.

Sabe mejor porque incluye bailes, bromas, canciones, enojos y desacuerdos mientras se prepara. No todo debe ser idílico, también necesitamos un poco de caos.

Sabe mejor porque se sabe que preparar y tener un buen resultado también implica limpiar, lavar y ordenar lo que usamos.

Sabe mejor porque propicia seguridad y nos brinda descanso cuando nos cocinan en casa.

Sabe mejor porque podemos compartir con ellos un día de cocina en familia. En casa podemos enseñarles lo que sabemos y ellos enseñarnos lo que aprenden. Aprendamos a crear lazos en ambientes distintos, y mejor que sea en la cocina.

Sabe mejor porque aunque no decidan continuar con una educación profesional enfocada en la gastronomía, sabemos que desarrollaron habilidades que les serán útiles toda su vida.

 

 

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Por lo anterior y muchas cosas más, me encanta ser chef docente del Bachillerato ETAC, pues no importa lo escandalosos, no importa el drama, no importan los berrinches, tanto alumnos como yo aprendemos que nada es absoluto, que la paciencia y la perseverancia siempre nos llevan a buenos resultados, no importa que a la primera no salga, lo importante es intentarlo, arriesgarse y mejorar hasta obtener los resultados deseados.

Por ello, déjenme responder ahora a mí la pregunta ¿a mí a qué me sabe la cocina de ETAC en el Bachillerato?

Me sabe a satisfacción.

Me sabe a risas.

Me sabe a enojos.

Me sabe a anécdotas.

Me sabe a requisiciones.

Me sabe a “les queda media hora para terminar”.

Me sabe a “¿chef, hoy sí salimos al receso?”.

Me sabe a “chef, no trajimos los insumos completos”.

Me sabe a “chef, ¡sí nos salió!”.

Y me sabe a muchos más sabores tanto dulces, como amargos y salados; pero, sobre todo, me sabe a orgullo al ver a todos los alumnos a los que he tenido la dicha de enseñar, ser los mejores en todo lo que ellos se propongan.

Autora: Paola Viridiana Vázquez Serrano, Chef docente de Bachillerato en ETAC campus Coacalco