Dedicarse al cuidado de enfermeros requiere de una gran sensibilidad, sentido de responsabilidad y también de preparación profesional. Así, calidad humana y conocimientos se unen para convertir la noble actividad de atender a otros en una relación provechosa para las personas enfermas y sus cuidadores.

Algunas personas deciden convertir su vocación de servicio en profesión. Ejemplo de ello son quienes estudian Enfermería u otra carrera del área de las Ciencias de la Salud. Sin embargo, no es extraño que, en determinadas circunstancias, a cualquiera de nosotros le corresponda hacerse cargo de algún familiar o amigo con problemas de salud, así que no dejes pasar este artículo.

Al cuidar a una persona, debes tomar en cuenta las características de las atenciones que necesita. Las tareas requeridas dependen de factores como la edad y sexo del paciente, la enfermedad o condición adolecida, la presencia de discapacidad (física y/o intelectual), el carácter del paciente y la disponibilidad de apoyo de otras personas, entre otros factores.

Teniendo en cuenta lo anterior, a continuación, te daremos 5 consejos básicos para el cuidado de enfermos.

1. Organízate

Para prácticamente todas las actividades de la vida, el orden y la organización son de gran ayuda para evitar errores, duplicación de funciones e ineficacia.

Cuidar de personas enfermas no es la excepción. Más bien, esta es una de las áreas donde es sumamente importante mantener horarios y rutinas que faciliten cumplir los tratamientos y recomendaciones médicas, así como organizar la vida personal sin desatender a la persona convaleciente.

Tener a la vista una lista con las tareas a realizar, incluyendo los horarios y dosis de los medicamentos, así como una lista de chequeo, evitará errores o confusiones.

Configurar alarmas y recordatorios para cada actividad es de gran ayuda e impide que una distracción pueda alterar el cumplimiento de las indicaciones médicas.

2. Prioriza la higiene ambiental y personal

Una de las claves del confort es la higiene. Un ambiente limpio y ventilado siempre hará sentir mejor a sus ocupantes que un lugar sucio y descuidado. De hecho, la negligencia en la limpieza puede influir negativamente en la salud física y emocional de la gente.

Parte de la labor de un cuidador es velar porque el lugar de atención esté aseado y ordenado y procurar que exista el mobiliario necesario para facilitar la movilidad y comodidad del enfermo.

El aseo personal también es fundamental en la tarea de relacionarse con personas enfermas. El cuidador debe mantener al día su propia higiene personal y tomar medidas como lavarse las manos con frecuencia (sobre todo antes y después de manipular objetos y medicinas que tengan contacto con la persona enferma).

El cuidador también debe ocuparse de que la persona enferma mantenga una higiene personal óptima. De ser necesario, debe ayudarle a bañarse y peinarse, lo que contribuirá a la recuperación física del enfermo y a estimular su autoestima.

3. Hazte cargo de tu persona

Aunque pueda parecer contradictorio, cuidar a los demás debe empezar por el cuidado de uno mismo. Y es que atender las necesidades de personas enfermas exige gran esfuerzo físico y mental, además de capacidad de atención y buena actitud.

Dicho lo anterior, tu trabajo no será el mejor si descuidas tu salud, desatiendes tus necesidades físicas y emocionales, y deterioras tu calidad de vida. Así que si quieres ser un óptimo cuidador, pon tu salud en primer término.

Encargarte de tu persona incluye mantener una alimentación adecuada, higiene personal y ambiental, tener momentos para ti mismo (relajarte, disfrutar de algo que te guste) y mantener contacto con tus seres queridos (el bienestar emocional es un componente muy importante de la salud).

Este consejo es particularmente importante cuando se trata de cuidar a personas por períodos prolongados o situaciones muy intensas, como por ejemplo pacientes con enfermedades crónicas o terminales, debido a que tales situaciones pueden conducir al cuidador a un estado de decaimiento anímico que puede afectar negativamente otros aspectos de su vida (incluyendo la atención de la persona enferma).

4. No quieras ser indispensable

Hay personas que asumen de manera excesiva el cuidado de otros, tomando para sí responsabilidades que ni siquiera son necesarias. En estos casos, se suma estrés y fatiga al ya difícil proceso de cuidar a una persona enferma. ¿Un ejemplo? Insistir en darle la comida en la boca a una persona que es perfectamente capaz de alimentarse por sí misma.

Una de las cosas que debe saber un cuidador es conocer las limitaciones del enfermo o convaleciente y, en función de las mismas, motivar la independencia en tareas que sí pueda asumir.

Manejar adecuadamente estos límites es importante tanto para el cuidador como para quien convalece. En el primer caso, porque no tendrás que realizar tareas innecesarias y, en el caso del enfermo, hacer cosas por sí mismo puede distraerle de su condición, reforzar su autoestima y ayudarle a recobrar fuerzas.

5. Permite que otras personas participen en los cuidados

Este consejo está fuertemente relacionado con el punto anterior. Por supuesto, no se trata de traspasar a terceros tus responsabilidades como cuidador, pero sí de saber que puedes (y debes) contar con familiares y amigos de la persona que cuidas para que te releven en determinados momentos.

De hecho, lejos de tomarse demasiadas atribuciones, un cuidador debe saberse parte de un grupo conformado, en primera instancia, por el equipo médico responsable del diagnóstico y asignación de tratamientos. En dicho grupo también participan los miembros de la familia y amigos de la persona enferma. La participación de cada integrante de este equipo contribuye a lograr una atención eficaz y la mejor calidad de vida para los involucrados.

Por ejemplo, si alguna persona puede leerle un libro al paciente, o simplemente acompañarle a ver la televisión, te proporcionará minutos valiosos para atender tus necesidades corporales, relajarte o comunicarte con algún ser querido.

Evitar que te invada el agobio repercutirá positivamente en tu actitud y capacidad de atención al enfermo.

Esperamos que luego de leer estas recomendaciones te sientas más preparado para asumir el cuidado de personas enfermas, bien sea por vocación o por obligación. Nunca está de más seguir estos consejos que harán más fácil tu dedicación y más feliz al paciente.

¿Tienes alguna duda sobre lo que leíste en ese texto? En caso de que tu respuesta sea positiva, ¡no dejes de leer!

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